Angustia, preocupación e incertidumbre son los sentimientos que algunos padres tenemos sobre los hijos desde que están saliendo de la preparatoria hasta los primeros semestres de la universidad.
Se puede
observar desde diferentes aspectos y circunstancias cuando los jóvenes
atraviesan por esa etapa de la vida, ya que no son los adolescentes mayores, ni
tampoco los jóvenes adultos. En esta etapa es cuando se empiezan a liberar y
encuentran más tiempo de diversión por las noches, encuentran a su pareja y en
algunos casos empiezan con noviazgos un poco más formales que en la adolescencia.

Las llegadas
tarde implican que disminuya la cantidad de sueño, en algunos casos, no llegar
a la primera clase del día siguiente. En la mayoría de las universidades ponen
límite de faltas, que implica llevarte la materia si excedes ese porcentaje
permitido, o la alternativa de darla de baja; aquí empieza el joven a no
rendir, a bajar su productividad, a retrasar el plan de estudios, y en el peor
de los casos optar por no seguir en la universidad.
Como todo
papá, el anhelo es que nuestros hijos sean profesionistas, que continúen con la
ocupación del papá o con la empresa familiar.
Estimado
lector, reconozco que el deber de ser padre es darles todos los elementos para
que los hijos tengan éxito y sean felices, que finalmente es la esencia de la
vida. Los jóvenes en esta etapa tienen que ubicarse, saber qué es lo que
quieren y demostrarse que sí pueden.

Al paso de los
años, los jóvenes tendrán que madurar y nosotros como padres debemos procurar
estar cerca de ellos y mantener una buena comunicación.
“Cada quien es
el arquitecto de su propio destino.”
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