lunes, 27 de noviembre de 2017

Cultura de Esfuerzo




Aprendí mucho de mi padre aunque lo tuve pocos años, murió cuando yo tenía 15 años,  desde que recuerdo siempre visualice y percibí su cultura de esfuerzo.

¿Quieres esto? Lucha por él.
 
Nuestra posición económica era favorable, así como el ambiente familiar y yo fui el menor de 5 hermanos. Recuerdo que un día le regalamos a mi papá un kit para bolear zapatos, mismo que usaba todas las mañanas para limpiar sus zapatos y yo lo observaba.

Un día en vacaciones me ofrecí para bolear sus zapatos, gustoso acepto mi ofrecimiento y me pregunto ¿cuánto cobras? Llegue a un acuerdo y pactamos 20 centavos la boleada. En ese momento me dio a bolear todos sus zapatos, hasta los que usaba para jugar golf.

Seguí ofreciendo el servicio de bolear zapatos a mi mamá y a mis hermanos mayores, eso me hacía feliz porque todos aceptaban mí oferta y así logre juntar algunos pesos.

Llego el día que en la casa ya no había a quien bolear, le cuestione esto a mi papa y me dijo: vete a las privadas de vecinos, seguramente conseguirás muchas boleadas.
Aún recuerdo la expresión de mi mamá: ¡¿Santiago cómo es posible que lo mandes a bolear los zapatos de los vecinos?! ¡Para que haces que este niño sea ambicioso!

Con suficiente material para bolear y sin necesidad económica, seguí al pie de la letra el consejo de mi papá y empecé a tocar las puertas de los vecinos para ofrecer mis servicios. Seguramente al abrir la puerta y ver un infante de 8 años demostrando mis ganas de trabajar, los vecinos no dudaban en darme todos los zapatos para su aseo.

Tiempo después mi papá me regalo una alcancía que le obsequiaron en el banco, en forma de caja fuerte con combinación, para que yo ahorrara el dinero que ganaba y no lo despilfarrara.

Recuerdo que herede los patines de mis hermanos que tenían ruedas de acero, hacían mucho ruido y no tenían buen agarre en las banquetas de cemento pulido. Pero en los años 70´s empezaron a vender los patines con ruedas de plástico silenciosos; Y le comente a mi papá que quería esos patines, a lo que me cuestiono: ¿cuánto dinero tienes ahorrado? Cómpralos y yo te acompleto.

Y así fue, como mi padre quería ver que yo demostrara mí esfuerzo para que yo mismo cumpliera con mis objetivos.

Un día de adolescente mi bicicleta rodada 24 ya tenía sus años y había salido al mundo la bicicleta ¡“Vagabundo” estilo chopper! Sin duda le comente a mi guía de negocios que quería cambiar de bicicleta y me respondió con la sencillez de hombre norteño que lo caracterizaba:
“Si quieres una nueva bicicleta, vende la vieja”.

Mi primera pregunta fue ¿Cómo hacerlo?
Las instrucciones fueron claras: ve al periódico, pones un anuncio en clasificados, pones bien los datos de la bicicleta y la dirección.

Con temor fui a poner el anuncio, pero a los pocos días las personas empezaron a preguntar por la bicicleta, casualmente estaba mi papá en casa y acudí emocionado a comentarle que ¡habían venido a preguntar por la bicicleta! le pedí que me acompañará, a lo que se negó rotundamente indicándome que era yo quien debía venderla.

No recuerdo si sentía temor o inseguridad para mostrar mi bicicleta y poner un precio fijo. Pero un buen día logre vender esa bicicleta y con el dinero di el enganche para que mi papá apartara la nueva bicicleta Vagabundo.

Así fue como aprendí a perder el miedo hacer algo, a vender y sobre todo aprendí el valor de desprenderme de algo para conseguir mi objetivo. Aprendí a conocerme a mí mismo y a sacarle provecho a mis habilidades.

Hoy y siempre he reconocido la cultura y formación del esfuerzo que se vivía en familia.

Lo que más admiro de mi padre fue su sentido de prosperidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario